El tiempo en los aeropuertos no existe. Al menos eso he concluido luego de múltiples experiencias de espera, cambio de itinerarios a última hora, conexiones que han cambiado por "cambio de equipamiento", esperas significativas en la recuperación de equipaje (sin nombrar el par de veces que llegó dos días después que yo).
Entonces me he resignado. Históricamente no he logrado nada con mis reclamos, preguntas a encargados que no se encargan o revisión continua de los tableros de información. Mi opción es olvidarme de la unidad de medición estandarizada de tiempo que llámanos habitualmente horas, minutos y segundos y he optado por la contemplación y la entrega incondicional de mi destino a los anónimos operadores del tiempo de los aeropuertos.
Contemplación sí, pero activa. Entonces he diseñado un conjunto de deportes básicos que me permitan disfrutar del tiempo que las aerolíneas y autoridades aeroportuarias suelen obsequiarme en los aeropuertos. Algunos son inconfesables, pero otros pueden ser de utilidad pública y he decidido compartirlos en un acto de generosidad propio de la ociosidad estimulada por estos deportes.
- "Restroom ranking". Se trata de identificar el mejor servicio higiénico de la zona de embarque. Se debe establecer categorías claras para la comparación donde la disponibilidad de insumos (papel, jabón, secadores de manos) debe ser ponderada con servicios de valor agregado como: espejos de tamaño y ubicación adecuada, centímetros cuadrados de espacios individuales, lugares para dejar equipaje, temperatura regulable del agua de los lavamanos y estética en general. Hay algunos que han obtenido premios notables en mi ranking, donde la perfecta conjunción de las variables detalladas se encuentra con el aislamiento respecto al alto tráfico de usuarios. Sólo como ejemplo, tengo registro de un caso en el aeropuerto de Frankfurt donde logre un alto puntaje debido a la existencia de literatura disponible en el lugar más adecuado. ¡Notable!